Comida informal de profesores

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Comida informal de profesores

Hoy al terminar nuestra jornada de trabajo, los profesores y profesoras del Colegio Calasanz no hemos reunido un año más en el Gimnasio para compartir sabores, aromas, texturas, preocupaciones, ansiedades, tensiones de fin de curso y también la satisfacción de un trabajo bien hecho que deseamos mejorar cada año.
Es una de las pocas veces en que profesoras y profesores nos reunimos sin un orden del día fijo, sin tener que dejar constancia en un acta de las deciones tomadas, sin ponernos trabajo para casa con unos plazos de entrega, siempre apretados o para antes de ayer.
Nos reunimos en plan distendido pero de pie, haciendo un alto en el camino para recobrar energías, pero dispuestos a continuar en la carrera hasta el final. Con la mirada puesta en una merecidas vacaciones en las que, por fin, podamos irnos a la cama y descansar tranquilamente sin tener como almohada los problemas de los alumnos, de sus familias, de las tareas pendientes, de los trabajos y exámenes por corregir, de los informes y las memorias por hacer, de las reuniones tenidas o por tener. En definitiva, dormir a pierna suelta, sin más preocupaciones que las de atender a nuestros hijos, a nuestros maridos y mujeres y a nuestros abuelos y abuelas como creemos que se merecen, disfrutando de su compañía.
Unas vaciones para encontrarnos con nosotros mismos de nuevo, quitar el polvo acumulado de nuestros rincones más escondidos, para descargar nuestras mochilas de inquietudes y temores, para encontrar de nuevo en nuesto espacio interior la serenidad, el sosiego, la paciencia, tantas veces perdida, la confianza en uno mismo...

Seguro que no somos los mejores educadores del mundo pero en ello nos afanamos cada día, orgullosos de tener la suerte de dedicarnos a lo que nos gusta: "La noble, muy digna y muy necesaria tarea de la EDUCACIÓN (José de Calasanz dixit)